La palabra “coaching” es una de esas que se han puesto de moda en los últimos años. A algunos el término puede resultarles desconocido, pero cada vez son más las personas que la utilizan en su vocabulario o que acuden a un coach para solicitar sus servicios. ¡Todo el mundo quiere coaching! Queremos mejorar en nuestra vida personal, laboral, social, etc., y un coach suena a lo más apropiado. Pero, ¿qué es exactamente? ¿Qué es el coaching? Somos varios los que utilizamos esta palabra en nuestro día a día, ¿pero hasta qué punto sabríamos definir lo que significa?

Después de dos años estudiando un máster al respecto, he de admitir que yo todavía siento dificultades a la hora de explicarlo. Tengo claro qué es para mí el coaching, y sé cómo lo vivo. Pero cuando se trata de expresarlo frente a los demás, al ser una palabra “de moda” no existe un consenso popular claro. Es una disciplina reciente, que poco a poco va ganando reconocimiento, pero que aún le queda mucho camino por delante. Mientras dura ese recorrido, sin embargo, cada persona tiene su propia definición o no sabe muy bien a qué atenerse cuando llega a una sesión. Por ese motivo, he decidido emplear la entrada de hoy para aportar mi punto de vista y, si a alguien le sirve, ayudar a esclarecer las incógnitas que tan a menudo suelen surgir.

¿Qué es el coaching?

Un coach es una persona que, a partir de preguntas y técnicas introspectivas, “acompaña” a la persona en un proceso de cambio que esta quiera llevar a cabo. Acompaña siendo la palabra clave, porque un coach no proporciona respuestas; proporciona una metodología, diseñada para que la persona se desencalle, esclarezca sus ideas y organice qué quiere hacer, por y para qué quiere hacerlo, y cómo lo va a hacer. En resumidas cuentas, un coach ayuda al cliente a tomar perspectiva respecto a su situación actual.

Algunas personas comparan el coaching a la psicoterapia. Y no va tan mal encaminado, ya que el coaching proviene de una base psicológica. Sin embargo, contrario a lo que pueda parecer (y como a veces se promociona), un coach no es una opción alternativa, sino un complemento. Son metodologías distintas, con un enfoque distinto. La psicoterapia, como su nombre indica, es “terapéutica”, sanadora. El coaching es una metodología para organizar y planificar, no para curar. Puede tener efectos terapéuticos, ya que al fin y al cabo, el objetivo sigue siendo el bienestar de la persona. Pero estos son secundarios: el foco se pone en la acción, en un propósito, no en la psique profunda del individuo.

Por ponerlo en un ejemplo visual, un psicólogo (entendido como profesional que da terapia) es el mecánico al que contratas para arreglar tu coche cuando este no funciona bien. Un coach es la persona que contratas cuando necesitas que alguien te pregunte: “¿Quieres ir a este punto o a este otro (en el mapa)? ¿Qué ruta puedes tomar? ¿Qué recursos tienes?”. Un coach hace de espejo para que el cliente se haga las preguntas que busca.

Una forma de representar el proceso…

¿A quién va dirigido el coaching?

Pero más importante que esclarecer una definición de coaching, la pregunta que muchos se hacen es “¿qué puedo sacar yo de esto? ¿Qué me puede aportar un coach?”

Un coach aporta claridad y orden. Permite desliar el embrollo mental en el que a veces nosotros mismos nos enredamos, poner las cosas sobre la mesa. Ofrece un espacio de introspección bajo un clima de confianza, un momento de quietud en un mundo donde las personas a veces olvidamos “parar” de nuestros quehaceres diarios.

No todos necesitarán un coach, ni un mismo coach y su metodología servirá igual para todos (como cualquier cosa en esta vida). Pero si se quiere emprender un cambio vital, y no se sabe muy bien por dónde empezar, el coaching puede ser un valioso recurso para que la persona se encuentre a sí misma. A veces se utiliza el término “coach” como sinónimo de entrenador, especialmente en lo que refiere al deporte. Y una vez más, no va mal encaminado, porque un coach puede implicar cierto entrenamiento en las competencias vitales. La diferencia radica en que un coach no enseña per se; ayuda a que el cliente aprenda por sí mismo. La relación entre profesional y cliente es de iguales, siendo el coach un apoyo externo para poder cumplir las metas que se proponga. Eso es el coaching.

Por supuesto, en una disciplina tan reciente (y tan de moda, con todo lo que ello conlleva) cada persona seguirá teniendo su propia definición, y quizá lleve un tiempo asentar unas bases más unificadas. La psicología en si también ha afrontado y sigue afrontando estas dificultades, razón por la cual son tan importantes los Colegios de Psicólogos y la ICF (International Coach Federation). Pero a medida que el paradigma de la salud mental continúa madurando, cada vez estamos un paso más cerca de ello. Como profesional de esta disciplina, solo espero poder seguir contribuyendo, sea en forma de sesión o a través de mis palabras, para un día alcanzar tal fin.

*Imagen de cabecera por Zed Kolk
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