Si eres aspirante a escritor es probable que, tarde o temprano, sientas la motivación de indagar y buscar información por Internet. Un buen escritor siempre quiere seguir aprendiendo, y como tal, querrás consejo, apoyo e ideas que puedan ayudarle a conseguir tu objetivo (en uno de esos arrebatos, quien sabe, ¡quizá encuentres este blog!). Y entonces te encontrarás con multitud de opiniones y versiones, todas ellas distintas e igualmente válidas, pero que terminaran convergiendo en una ley no escrita cuasi-universal, una realidad inescapable:

El primer borrador es una mierda.

Bueno, “mierda” es una palabra muy fuerte, especialmente para algo que, en cierto modo, ha salido de nosotros. Pero como he dicho, es una realidad: el primer borrador nunca es tan maravilloso ni especial como nos gustaría. Esto es así, como lo es en todas las cosas. Así como el primer boceto de un dibujo, como el plano de una construcción, o como el esqueleto que sostiene nuestro organismo, un primer borrador no será el producto que publicaremos en las estanterías, sino la estructura sobre la que podremos empezar a trabajar para crear la verdadera historia.

“Yo no sé escribir, no soy lo bastante bueno/a”

Tenemos que entender que escribir no es un mero acto, sino un proceso; requiere de tiempo y dedicación para poder dar sus frutos. Esto es muy importante tenerlo en cuenta, sobre todo si alguien de verdad quiere mejorar y aprender a escribir. Puede que tengamos una idea fantástica rondando nuestras cabezas, una idea que nos morimos por sacar al mundo y mostrar en todo su esplendor. Pero es muy probable que, a la hora de la verdad, lo que escribamos no sea tan bueno como nos habíamos imaginado. Al contrario, puede que sea bastante malo. Y está bien, no pasa nada. Es habitual que las personas nos frustremos cuando las cosas no salen como nos esperamos. Pero quizá el problema aquí es que tendemos a tomar este primer borrador como lo máximo a lo que podremos aspirar, un tope a partir del cual somos incapaces de subir. Y eso, con toda sinceridad desde mi corazón, es mentira. Tan mentira como aquellos que dicen no revisan ni mejoran porque no lo necesitan.

Como ya he dicho otras veces, sea en algún artículo anterior o reflejado en uno de mis escritos, la ambición del ser humano es tanto nuestra mayor ventaja como nuestra mayor debilidad. Ventaja, porque nos impulsa hacia delante; debilidad, porque la mente va mucho más rápido que el cuerpo. Vemos la cima de la montaña, y nos vemos a nosotros mismos coronarla, porque sabemos que podemos llegar hacerlo. Pero nos olvidamos de que eso es sólo la cima, y que para poder llegar ahí, queda todavía un largo camino por recorrer.

Por esa razón, no tiene sentido juzgar nuestros escritos bajo lo que podrían llegar a ser; no podemos culpar al ahora por no ser el después. Lo mismo se puede aplicar a la trayectoria global de alguien, sea en el arte o profesión que sea: con el tiempo (y la práctica) llega la experiencia, y con ellas poco a poco refinamos nuestras habilidades. Sí, puede que termines de escribir y sea cierto que esté mal. ¡Todos hemos escrito cosas de las que nos avergonzamos! Reconocerlo es parte de lo que implica madurar. Pero aunque el primer borrador de tu gran historia tenga problemas, dale tiempo. Guárdalo en un cajón, sigue ejercitando tus capacidades y revísalo al cabo de un par de meses. Te sorprenderás viendo cosas que antes no podías apreciar. Quizá aquello que pensabas que era tan malo resulte ser prometedor e interesante, o quizá aquello que considerabas tu obra maestra sea un truño aberrante. Lo importante, lo respetarás por lo que es, tomarás conciencia de tu propio progreso como escritor y podrás tomar ese primer borrador como una oportunidad para crear algo mucho mejor, que se ajuste cada vez más al sueño que querías construir.

El primer borrador puede ser una experiencia fantástica, y no un parto doloroso, si así nos lo planteamos. Nadie tiene por qué leerlo, ni es necesario justificar nada ante nadie, lo cual significa que tienes libertad absoluta para crear. ¡Es como un patio de recreo! Puedes vomitar lo que te venga en gana, por muy absurdo, estúpido o incoherente que te pueda parecer. ¡Y pasarlo bien, que cojones! Porque lo importante, lo que es la historia que quieres contar, seguirá estando ahí, con todo su potencial. Luego sólo será cuestión de ir puliendo las formas, pero el contenido permanecerá.

El primer borrador sirve para organizar nuestra cabeza y tener claro qué queremos contar. Y si no disfrutamos de eso, ¿cómo vamos a disfrutar lo que viene después? Así que olvídate de lo que te dice esa puñetera vocecita que no te deja en paz, y ponte a escribir, sin excusas. Olvídate de presiones auto-impuestas, relájate y aprecia de ese instante mágico. Porque escribir es un arte, y como todas ellas, merece ser gozada desde la pasión.

*Imagen de cabecera por Tim Gouw
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2 comentarios en “El primer borrador, ese gran desconocido [Artículo]

  1. Tienes mucha razón en todo lo que has escrito, pero es difícil darse cuenta de ello… todo escritor debe superar la fase que reflejas en tu entrada.

    Yo aportaría unos cuantos matices: ponerse un enorme gorro cuando es el “artista” quien escribe, mejor desnud@, sólo con el sombrero; vestirse de gala cuando es el “crítico” quien corrige el texto; ponerse una determinada prenda cuando es el “aventurero” quien busca ideas.

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