La actualización sobre la actualización

Hola, aquí Diana ^ _ ^ Hoy escribo con motivo de otra importante actualización sobre el futuro de mi blog y contenido en general.

Como creo que ya dije en su momento, ahora mismo me encuentro en un punto en que quiero replantearme la forma en que he estado gestionando el blog y otros tipos de contenido. Lo cierto es, desde que empecé con todo esto, mi intención siempre ha sido la de dar una imagen lo más profesional posible. Pero, seamos honestos, he hecho una labor lamentable al respecto. No tanto por falta de intenciones sino porque no he sabido plantearlo del mejor modo posible, y seguía tirando adelante con la esperanza de que todo se arreglara.

Llegados a este punto, necesito tomarme más tiempo para poder planificar y gestionar todo aquello sobre lo que invierto mis esfuerzos. Por ello quería hoy anunciar algo que me desagrada, pero que veo necesario para seguir adelante en mi futuro: la historia de “El día que conocí al señor M” dejará de ser actualizada de forma periódica. Esto no es un intento de excusa porque no haya escrito el capítulo y quiera escribir el bulto, no. Lo tengo, en mi PC, y tenía la plena intención de publicarlo este fin de semana. El problema está en que, debido a este esfuerzo constante por publicar cada dos semanas, la calidad general de los capítulos está resultando mucho peor de lo que yo había anticipado. Como escritora, y porque ya me conozco lo suficiente como tal, sé que puedo hacer un mejor trabajo. Y eso es lo que voy a hacer, aunque tenga que pagar el precio de echarme atrás en mis intenciones. Todavía sigo teniendo en mis planes revisar y publicar aquí los capítulos ya lanzados al público, y no tengo ninguna intención de borrarlos de Wattpad, tampoco. Pero esta decisión que, de cara a mi futuro como escritora, siento que necesitaba tomar. Ya no sólo por publicar o no, sino por seguir disfrutando de una actividad que, a fin de cuentas, es mi pasión, como siempre lo ha sido. Escribir es mi vida, pero con el estrés creciente de los últimos meses, la he ido convirtiendo en algo que me desagrada, y eso lo quiero cambiar.

En esa misma línea, voy a cambiar en general la forma en la que he ido gestionando todas mis contribuciones y la que viene a ser mi huella digital. Quería aportar una imagen profesional y formal que no tiene nada que ver conmigo ni como soy, y creo que eso me ha acabado perjudicando. Porque se pilla antes a un mentiroso que a un cojo y, cuando alguien solo pretende ser algo, esto también se nota, por mucho que finjamos ignorancia. Quiero ser más cercana y cálida con aquellas personas con las que he compartido mis escritos, y que han dedicado un tiempo de su vida para poder leerlos. Para mí, no existe mayor forma de agradecimiento que esa, y por ello, necesito afrontar este cambio. Como todo, estamos en un proceso de aprendizaje, y es aceptando estas situaciones y haciendo algo al respecto como maduramos y crecemos como personas.

Sin más que añadir, gracias por leer (y por lo que sigáis leyendo), y espero que paséis un día fantástico ; )

Actualización Blog 14/05/2017

Para la entrada de hoy, quería hablar un poco sobre la situación actual del blog, así como de mis planes a medio-largo plazo. Como algunos habrán podido notar, la web ha permanecido algo inactiva en las últimas semanas. A pesar de mis intenciones por renovar el diseño y pulir fallos, no he sabido encontrar tiempo para poder dedicárselo como se merecía. “La Escritora Onírica” supone un espacio muy importante para mí, pues gracias a este blog tengo una plataforma donde poder publicar y compartir mis escritos con los demás. Pero si quiero que este proyecto siga creciendo y madurando, convirtiéndose en algo más serio, necesito empezar a replantear ciertas cuestiones acerca de cómo lo voy a gestionar de aquí en adelante.

En primer lugar, quiero focalizar todos mis esfuerzos creativos en mi proyecto de novela seriada, “El día que conocí al señor M”. Al tratarse de mi “gran proyecto”, por decirlo de alguna forma, siento que necesita una atención y cuidado mayores que los que le estoy procurando en estos momentos. Por desgracia, esto afectará al ritmo de publicación de relatos y artículos en el blog. Hasta el momento, he tratado de seguir una rutina de publicación bi-semanal, pero para poder dar este nuevo paso, he decidido prescindir por completo de ella. Por supuesto, esto no significa que no vayan a haber más publicaciones fuera de mi novela, pero sí que no van a seguir ningún tipo de calendario. En compensación por esto, “El día que conocí al señor M” pasará a ser publicada también en este blog, y no sólo como enlace externo. Esto, a medida que vaya revisando y editando los capítulos ya redactados, gracias al feedback de algunos lectores.

En segundo lugar, también tengo pensados algunos cambios en la apariencia y organización del blog. Todavía no hay nada decidido, y puesto que soy la única persona responsable de mantener la página, los cambios se irán instaurando poco a poco de forma progresiva. Al igual que con la novela, quiero dedicar un tiempo mayor a planificar y organizar estos aspectos, para poder ofrecer un contenido agradable, de calidad y fácil de navegar, así como dedicarle más tiempo a la promoción.

Por último, quería agradecer a todos aquellos que han estado siguiendo y leyendo mis publicaciones. Incluso aunque seáis pocos, nada me hace más feliz que saber que a alguien disfruta, de alguna forma, de lo que hago y cómo lo hago. Escribir siempre ha sido mi pasión, y si sigo escribiendo a día de hoy, es para ayudar a otros a ser un poco más felices en su día a día ^ _ ^

Os deseo que paséis un día fantástico, y recordad, ¡seguid soñando!

 

Lo impredecible [Relato]

Lo impredecible [Relato]

Un aparatoso ruido me trae de vuelta al reino tangible. Mis ojos se abren al despertador de la mesilla de noche que, rebotando en el sitio, anuncia la llegada del nuevo día. Me revuelvo entre el abrazo de las sábanas, perezosa, debatiendo conmigo misma la necesidad de levantarme o no. Pero el despertador insiste: ha llegado la hora.

Mi nombre es Naomi y hoy es el 15 de marzo de 2026. Paso el dedo tras la persiana y la levanto con calma: fuera hace un día espléndido, idílico. Es la mañana perfecta para salir a hacer mis ejercicios matutinos. A la vuelta tendría el tiempo suficiente de tomar un buen desayuno, ducharme rápido y prepararme para ir al trabajo. Al menos sé que eso es lo que tendría que hacer, es lo que siempre hago. Dejo caer el brazo, sonrío con cierto sarcasmo.

Después salto al 26 de abril de 2012. En aquel entonces, yo sólo era una niña. Me despido de mis padres con un beso en la mejilla, primero mi padre y luego mi madre. Ella se resiste a dejarme ir, abrazándome con todas sus fuerzas y animándome con su tono jovial. Yo trato de devolvérselo lo mejor que puedo y me despido de ellos con alegría. Pero al salir mi rostro se vuelve a ensombrecer, y agacho la cabeza, mirando al abismo.

Dejo mi mochila en un contenedor de basura y me voy a la biblioteca. Hago ademán de revisar las estanterías, pero en el fondo da igual qué libro coja. Pillo el primero que me llama por su título y me lo llevo a una mesa vacía. Los adultos se preguntarán qué hace una niña leyendo un libro tan complicado a su edad. Puedo notar su mirada: la de la pareja que está sentada en la mesa de al lado, la del bibliotecario tras el mostrador y su ordenador, la del joven chico que acaba de pasar junto a mí. Todos se lo preguntarán, pero ninguno se atreverá a decir nada. ¿Es porque realmente no saben qué decir, o tal vez porque no son capaces de hacerlo?

Para comer, salto al 3 de julio, año 2020. Aquel verano me fui con unos amigos a Francia, una semana de vacaciones. Me apetecía comida francesa. Vamos a un restaurante y, mientras esperamos que nos atiendan, ellos me miran, me hacen preguntas, me sonríen. Hablan de proyectos de futuro, de recuerdos del pasado. Y yo finjo que me importan todos y cada uno de ellos, comiendo y asintiendo, siempre en silencio.

Por último, decido saltar al 2067, al día 6 de septiembre. Estoy en el comedor de la casa de mi hija, quién me ha dejado al cargo de mi nieta, Kayla. Es muy mona, me recuerda mucho a mí. Es muy enérgica y vivaz, muy curiosa también. Toca y explora todo lo que ve, con un hambre insaciable. Hoy hemos decidido hacer una pequeña maratón de cine. Ella se lo pasa muy bien con las películas de acción. Su madre dice que son muy violentas, que no debería dejárselas ver. Pero yo hago caso omiso y las disfruto junto a ella. Me pregunto: ¿es esto una decisión que hago consciente, tomada desde mi propia personalidad, o solo estoy respondiendo a cómo deberían ser las cosas? A veces es difícil separar la línea entre ambas…

Decido que va siendo hora de volver al 2026. Están echando las noticias en la tele; en el rincón de abajo a la izquierda hay un pequeño recuadro resaltado, que marca las 21:44 del 14 de marzo. No sé por qué siempre vuelvo aquí, tiene algo especial. Quizá sea algún tipo de nostalgia, o tal vez la tranquilidad. En cualquier caso, mis tripas me piden comer, y yo obedezco. Mato el tiempo durante la digestión y me vuelvo a la cama para dormir. Pero tardo un rato en hacerlo, me quedo mirando el techo azul de mi habitación, sumida en la oscuridad. Extiendo la mano al frente, simulando que puedo tocarlo. Y vuelvo a sonreír.

He dicho que mi nombre es Naomi pero, ¿sería del todo cierto? A estas alturas, ya no estoy segura de nada. Sólo hay una única verdad, algo incuestionable: día tras día, momento tras momento, veo el mundo a través de los ojos de una mujer llamada Naomi, en cualquier punto de toda su vida. Sea pasado, presente o futuro, da lo mismo; esos conceptos no significan nada para mí. Salto del uno al otro, todos parte del mismo ciclo que se repite una y otra y otra vez. Pero todo está programado, todo está calculado. Yo solo soy una espectadora, nada más.

Me vuelco sobre mi costado, dejando que el cansancio de mi cuerpo haga el resto. A veces pienso que solo en mis sueños puedo ser libre, porque pertenecen a Naomi, pero también a mí. Siendo honesta, quizá sea la única forma de sentir que todavía existe mi ser. Pero para poder soñar necesito vivencias, sacar material; el dónde y el cuándo es lo de menos. Exhalo un último suspiro y, con él, ya solo se oye el resoplido de mi respiración adormilada. Me pregunto qué me deparará hoy…

*Imagen de cabecera por Brooke Campbell

Demasiadas ideas, tan poco tiempo… [Artículo]

Demasiadas ideas, tan poco tiempo… [Artículo]

La creatividad puede ser un ente de lo más caprichoso. Unas veces no la sabemos encontrar, nos bloqueamos y somos incapaces de hallar la solución a un problema, por muchas vueltas que le demos. En otras ocasiones, casi por arte de magia, nos sentimos desbordados, bendecidos con la inspiración, dejando que nuestro cuerpo se torne en un mero canal de su voluntad.

Para cualquier vocación artística, la creatividad es una aptitud fundamental. Es la capacidad que permite analizar las cosas bajo una nueva perspectiva, permitiéndonos (tomando la frase del inglés) “pensar desde fuera de la caja”. Pero hablar de creatividad es también hablar de ambición, y esta resulta difícil de domar. Muchos conocen el llamado “bloqueo del escritor”, la terrible página en blanco que nos absorbe como el portal a una dimensión paralela de agonía y frustración. Pero, ¿qué hay del fenómeno opuesto? ¿Qué ocurre cuando el flujo de ideas es demasiado grande?

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Indomable [Prosa Poética]

Indomable [Prosa Poética]

Aquí yazco, tendido sobre el suelo. El Sol abrasa mi carne malherida, saboreo el óxido de mi propia sangre.

Me pregunto si este será mi fin. Muchas veces me lo he preguntado, pero quizás ninguna tan en serio como ahora. Mis ojos se cierran solos, cegados por el brillo inconmensurable que les castiga. Mis piernas no se mueven, mis brazos hace tiempo que no se sienten. Lo mire como lo mire, no parece que haya salida alguna. ¿Hasta aquí ha llegado, el que ha sido mi largo viaje?

En cualquiera de los casos, lo cierto es que estoy feliz. La alegría brota de mi cuerpo, me hace sonreír ante el destino aciago. Si hoy es el día que perezco, tal vez no logre llegar hasta el final. Mas no importará, pues podré morir sabiendo que nunca me rendí jamás.

A veces hace falta perderse para encontrarse uno mismo. Así fue como yo lo hice, como hallé mi verdadero destino. Todos aquellos que conocí, todos aquellos de los que guardo una parte en mí…ahora, incluso aunque nos separe la distancia, nunca los había sentido tan cercanos. Aunque el frío poco a poco toma posesión de mi cuerpo, una llama en mi pecho se niega a ser apagada.

He afrontado grandes obstáculos en mi camino; a veces pienso que ni siquiera sé cómo. Pero no me doblegué antes las barreras inquebrantables, no dejé que me amedrentase el castigo de los cielos. El aliento de la muerte me sigue provocando pavor, mas no es un sentimiento desconocido para mí.

No, este no lo será. Hoy tampoco caeré. Me levantaré, proseguiré en mi lucha. Porque no importa cuán daño me haga, nunca dejaré de sentirme vivo. Porque no importa que la naturaleza vaya en mi contra, no permitiré que dome mi espíritu. Cuando un día realmente muera, y sé que llegará ese día, las gentes contaran historias de mi viaje. Pero, ¿qué historia quiero dejarles? ¿Qué historia quiero que recuerden? Yo soy el escritor, trazo palabras sobre una hoja en blanco.

Así pues, me volveré a alzar. Una vez y muchas otras más. Porque el viaje de un héroe nunca termina, siempre se puede continuar. Igual que el ave fénix que resurge de sus cenizas, hoy proclamo mi regreso. Porque el mayor enemigo de un héroe no es el mal…sino su propio miedo.